Como resultado del rápido incremento de casos confirmados y muertes, la población general y el personal de salud experimentaron problemas psicológicos, como ansiedad, depresión y estrés. Si bien la información científica sobre la COVID-19 se incrementa constantemente, esta se centra en los aspectos genéticos y epidemiológicos del virus y en las medidas de salud pública, dejando de lado los posibles efectos en la salud mental.
La vida era estresante antes de la pandemia, pero los nuevos desafíos han contribuido con un costo adicional. La educación virtual desde el hogar, la seguridad, las dificultades financieras, el teletrabajo, mantenerse al día con nueva información y lidiar con la enfermedad y la muerte pueden hacer que la vida se sienta como un juego interminable.
Muchas de las consecuencias anticipadas de la cuarentena y las medidas de distanciamiento social y físico asociadas son en sí mismas factores de riesgo clave para los problemas de salud mental. Estos incluyen suicidio y autolesiones, abuso de alcohol y sustancias, juegos de azar, abuso doméstico e infantil y riesgos psicosociales (como desconexión social, falta de significado o anomia, acoso cibernético, sentirse agobiado, estrés económico, duelo, pérdida, etc. desempleo, falta de vivienda y ruptura de relaciones).
Por su parte, Lisa Carlson, expresidenta de la Asociación Estadounidense de Salud Pública administradora ejecutiva de la Facultad de Medicina de la Universidad Emory en Atlanta recomienda enfocarse en lo básico para dormir, comer alimentos saludables, moverse durante el día, pasar tiempo con las mascotas y los seres queridos. Además, agrego que la forma en que manejes el estrés es crucial para encontrar un respiro de la pandemia.





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